montañismo, montaña, rescate, alpinismo, escalada, rappel, iztaccihuatl, gias montaña, orizaba, nevado

 

Alpinismo

Escalada y Rapel

Rescate

Volcanes de México

Los Alpes

Técnica y Ciencia

Enlaces

 


Expediciones a los Alpes
12 Agosto
RESERVACIONES
 


Diplomado Guía alpino
Inicio: 26 Agosto
RESERVACIONES
 


CURSO DE ALPINISMO
Inicio 8 Marzo
INSCRIPCIONES
 


CURSO ESCALA ROCA
Inicio 8 Marzo
INSCRIPCIONES
 

 

 

 

Regresar a Técnica y Ciencia

Fitoterapia y Etnobotánica
La cura popular con las plantas
por el Dr. Francesco Di Ludovico

 

Introducción

Desde épocas lejanas se dejaron muchos ensayos en forma de manuscritos sobre el arte de la recolección y de los usos de las plantas. Gracias al hallazgo de estos textos, los llamados “herbarios”, el empleo curativo de los vegetales de parte del hombre está históricamente comprobado de una manera muy amplia y detallada. En el mundo fresco y tranquilo de su hogar, frecuentemente lejos de los lugares calidos y soleados donde se recolectaban las hierbas, el antiguo escritor describió en esos textos las características botánicas de las muchas especies vegetales poniendo una atención más estricta sobre sus propiedades terapéuticas. En periodos donde no existían fármacos de síntesis resulta fácil imaginarse que la naturaleza era la única fuente de remedios para la integridad de la salud de los seres vivientes. De hecho, a partir de siglos los hombres han aprendido a utilizar las plantas para curar las enfermedades que los plagaban. La belladona, el sauce, la amapola de opio, el artemisia son unas de las muchísimas plantas que nos han aportado los principios activos que hoy en día la ciencia moderna del producto químico ha purificado aislando la molécula considerada más activa y volviéndola disponible en las dosis calibradas. El recorrido histórico del arte médica natural empieza con lo de la medicina misma, y los herbarios son una parte importante de ella ya que en la época moderna resultan básicos para estudiar las posibilidades terapéuticas de los vegetales visto que en la botánica aplicada a la cura un primer paso es lo de corroborar científicamente las indicaciones clínicas que se les daba a las plantas mencionadas en esos libros. Unos ejemplos del análisis de la herbolaria de los primeros periodos son representados por el “Papiro de Ebers” (alrededor de 1600 A.c..), descubierto en Egipto, que trata del uso medicinal de más de 700 plantas; otro ejemplo es el tratado titulado “De materia medica”, escrito por el médico griego Dioscoris en el primer siglo D.c..: en ese libro se encuentran las características terapéuticas de más de 600 plantas, además su autor trató el asunto de una manera muy parecida a la moderna, o sea científica y racional hasta que él escribió sobre el aspecto, todavía entonces casi desconocido, de la farmacología botánica. En el período de la Edad Media en México hay la redacción de libros específicamente dedicados a ese asunto y que representan la fuente fundamental para conocer la herbolaria de Mesoamérica: los de máximo interese son el “Libellus de medicinalibus hindorum herbis” (cuya traducción es “Ensayo sobre las hierbas medicinales de los indios”) escrito por el médico autóctono Martín de la Cruz y traducido en latín por parte del indio Juan Badiano (por lo tanto el mismo libro se conoce también con el nombre de “Còdice Badiano”); otro ejemplo es una obra magna que consta de más de 30 volúmenes titulada “Historia natural de Nueva España” que ha sido escrita por el botánico y protomédico español Francisco Hernández.

Desde la segunda mitad del siglo 19 la ciencia de la herbolaria empezó a ser llamada “fitoterapia”. Esta palabra moderna se compone semánticamente de la raíz “fito-” que en el antiguo idioma griego significa “hierba” o “planta” en el sentido amplio de “vegetal”, y del término “terapia” que es algo más que simplemente “cura”, ya que involucra también el concepto de prevención. La fitoterapia, entonces, es un método de cura y profilaxis basado sobre el empleo de vegetales. Las plantas usadas con este fin, ya que tienen el objetivo de desarrollar una acción de cura son llamadas oficinales: las officinae, de hecho, eran en la Edad Media el equivalente de los modernos laboratorios farmacéuticos. Es parte de la llamada “medicina complementar” (o alternativa) –como la homeopatía- y es reconocida como oficial integración de la medicina convencional, ya que está bien comprobada por numerosas evidencias científicas.

Sin embrago, lo que ocurre en el presente es que en muchas ocasiones el uso terapéutico de las plantas no es validado por estudios clínicos, y entonces es parte de la “medicina popular” (o tradicional) por la que los consejos terapéuticos se basan sobre la experiencia de los ancestros. En este ámbito la manera de utilizar los vegetales, con fines no sólo de cura, tiene la definición de “etnobotànica”: esto es el estudio de las interacciones entre el hombre y las plantas, y en la práctica reúne los conocimientos populares de los vegetales y sus usos tradicionales con el fin de interpretar el significado cultural de esa relación, y por eso está involucrada en parte la antropología. En la realidad, como ya vimos, ocurre que los empleos de unas hierbas, a pesar que sean usos tradicionales y fuera del estricto control científico, son comúnmente aceptados por muchas personas. Eso se debe al hecho que estos individuos confían en el concepto del largo plazo: más bien viendo que durante un periodo bastante largo una planta se utilizó con buenos resultados y sin que provocara daños, están seguros que esa planta es benéfica. Pero no siempre eso es cierto. De hecho, estudios científicos modernos indican que unas plantas que popularmente se han empleado o todavía se emplean son consideradas tóxicas o cuyo uso no es clínicamente adecuado. Sólo unas hierbas medicinales de la tradición popular siguen siendo consideradas justamente terapéuticas. ¡Además no siempre lo natural no es toxico: existen muchas plantas que se han usado para envenenar!

En conclusión, podemos decir que de las muchas plantas que la medicina popular utiliza tienen frecuentemente de verdad las indicaciones que la tradición les atribuye, pero eso no vale para todas plantas; además el uso de los vegetales puede causar reacciones adversas que, si bien raras y de modesta importancia, tienen que ser conocidas al igual de como se haría para los fármacos de síntesis. El médico que cura de una manera natural, usando plantas, tiene que conocer sus indicaciones y los eventuales efectos secundarios y contraindicaciones, al igual que otros parámetros (de tipo botánico, químico, farmacológico, toxicológico entre los muchos) de los vegetales empleados ya que pueden ser importantes para garantizar una buena terapia. Por lo tanto hoy es necesario el papel jugado por un experto que pueda aconsejar con pericia la compra de productos de herbolaria.
 

La búsqueda moderna de lo natural

¿Por qué eligir lo natural, hoy? La época actual se caracteriza farmacològicamente por la presencia de curas de síntesis, es decir por moléculas producidas en laboratorios químicos y que son principios activos puros con una acción rápida y selectiva, poderosa y cinéticamente previsible. Entonces, ¿por qué está regresando la importancia de lo natural en una temporada donde las moléculas sintéticas parecen considerarse fundamentales e insustituibles? Lo que ocurre es el resultado de una creciente exigencia del consumidor hacia su salud: está argumentando su nivel cultural al igual que el número de publicaciones y revistas que tratan del uso de plantas medicinales. Además contra un simple malestar se puede con razón suponer que tomar un fármaco sintético podría ser excesivo y causa de efectos colaterales frecuentemente graves. La fitoterapia, al contrario, utiliza de la planta unos principios conjuntamente (una mezcla de activos e inertes llamada “fito-complejo”): eso es importante en cuanto las moléculas (las activas ente ellas y junto a las inertes) pueden actuar de esa manera en sinergia con el fin de desarrollar mejor y modular positivamente la acción deseada, además de poseer, diferentemente de la molécula artificial o específicamente aislada, sea una tolerabilidad y una absorción mayores, que un espectro de acción más amplio y una menor toxicidad. Por ejemplo, de la corteza del sauce (utilizada desde siglos para curar inflamaciones y fiebre) la moderna farmacología suele aislar una sola molécula y la activa como ácido acetil-salicílico, mientras que en fitoterapia de esta planta se usa un extracto que contenga los precursores de dicho ácido: en esta manera natural se da a el organismo mismo la posibilidad de generar por su cuenta una cantidad de principio activo advertida como suficiente y no excesiva, y además el extracto fitoteràpico contiene otras substancias consideradas inertes que pero coadyuvan la acción de la activa: hablamos de minerales y vitaminas (para fortalecer el organismo debilitado, contrastar la fiebre y ayudar el absorción intestinal del precursor del ácido acetil-salicílico) y de flavonoides (antioxidantes y desinflammantes, que ayudan contra dolores e inflamación). Los únicos parámetros que pueden en apariencia ser perjudicados por el uso de los fármacos naturales son los de la potencia y de la rapidez de la acción; pero eso para nada es negativo, en cuanto el cuerpo del paciente ya molestado por la enfermedad va a reaccionar de una forma mejor ya que la acción natural no resulta agresiva. Por lo tanto, de un lado podemos brindar a la positiva eficacia de los fármacos naturales, y del otro podemos comprender que las enfermedades electivas al tratamiento natural son representadas sumamente por aquellas crónicas o no graves, o cuando queremos actuar una profilaxis.
 

Medicina de montaña: una mirada cuidadosa a lo natural

A la belleza maravillosa de la montaña, desde siempre se acompaña la presencia de plantas espontáneas que con sus coloridas flores o bayas llaman la atención de los alpinistas. Muchas tienen características terapéuticas, pero cuidado: como ya vimos, no siempre la naturaleza nos brinda ventaja, y el peligro de envenenamiento puede estar presente en caso de ingestión de una parte de una planta cuya acción no conocemos bien. De hecho, no es raro que estas plantas sean recolectadas con el intento terapéutico o alimenticio. Aunque nos donan beneficios, hay substancias que, en dosis elevadas, pueden determinar efectos tóxicos sobre el organismo y, en algunos casos, pueden ser causa de muerte por envenenamiento agudo. Entonces, vamos a ver como podemos cuidarnos en este sentido natural, especialmente cuando estamos en el ámbito montés. Antes que nada, hay una simple regla para evitar el peligro de intoxicación: ¡Las plantas que tenemos que evitar de comer son todas a excepción de aquellas que sabemos bien ser comestibles! Cuidado con los hongos por lo general: casi siempre resultan venenosos. Otro consejo es evitar de tocar las hojas rompiéndolas o de fregarse con las mismas: aunque no contengan substancias dañinas pueden dar irritación cutánea con la luz del sol (la llamada “Fito-dermatosis”), esto ya que casi siempre las hojas, una vez que se rompen liberan compuestos que sobre la piel reaccionan a la luz.. De hecho, en caso de contacto con la parte toxica de las plantas (frecuentemente las hojas), la toxicidad se manifiesta con irritación, picazón, enrojamiento o salpullido. ¿Qué hacer? Puede ser suficiente lavar la zona interesada y aplicar un poco de crema antihistamínica o cortisonita. En caso de ingestión de una planta venenosa, los síntomas son diferentes según el tipo de planta comida. Los más comunes son vómito, diarrea, dolor abdominal, mareo, aumento o disminución de la tensión arterial. En este caso, puede ser importante la presencia de un médico ya que él sabe detectar en que nivel anatómico-funcional se están dando las manifestaciones patológicas, esto para que se puedan dar de forma mejor los primeros auxilios. Pero eso no siempre es suficiente: si no se conoce la planta causa del envenenamiento, la cosa mejor es recoger un pedazo con más partes disponibles (si es una plantita pequeña: tomen raíces, tallos, hojas, flores y frutos) para facilitar el reconocimiento y llevarla con el paciente a un hospital.

Algunos ejemplos de hierbas que el alpinista puede encontrar en montaña y que puede aprovechar son la malva, el árnica, el pino, la hierba de San Juan (o tachinolillo), el alfa-alfa, el tomillo entre muchas. Veremos como él pueda utilizar esas y otras plantas a su alcance, al igual de como se puede cuidar en una manera natural las más frecuentes molestias que se ocasionan en las excursiones. A los alpinistas que nos preguntan qué hierba utilizar para curar heridas o otras pequeñas molestias que tuvieron que ser determinadas durante una excursión, contestamos que básicamente lo que es necesario es cuanto encontramos en un buen botiquín de los primeros auxilios: los desinfectantes, las gasas y los simples fármacos del auto-cuidado necesario para curar las molestias las más simples y comunes; pero pueden llevarse o recolectar remedios de herbolaria que seguramente les pueden ser de ayuda natural en caso de necesidad.


Artículos relacionados
Ginko Biloba para la Altura

 

Compártelo:  Facebook   Twitter   Google   Yahoo
 

Regresar a Técnica y Ciencia

La montaña con profesionalidad, estilo y extrema seguridad

 

ItalianTREK® "La Montaña Para Todos" para todos - Todos los derechos reservados 2009